La necesidad de proveerse de recursos naturales o minerales y de energía (combustibles fósiles), para alimentar el engranaje del crecimiento económico, mueve las fronteras de la explotación hacia nuevos confines. Pero en el haber de esa exploración está una multiplicación de los conflictos ambientales. Son heridas provocadas al Planeta. Y a las personas. Buscamos cobre, hierro o carbón en lugares del planeta en donde antes no se habían extraído. “A medida que vamos topando con los límites biofísicos del planeta, ya sean geológicos o ecológicos, los litigios se vuelven más intensos en las zonas con recursos aprovechables”, resume el filósofo y ensayista Jordi Pigem.
El equipo del Atlas Global de Justicia Ambiental del
ICTA-UAB ha recopilado más de 1.700 conflictos y los ha colocado en el mapa.
Aquí presentamos una selección de los diez conflictos más relevantes hecha por
este equipo, co-dirigido por Leah Temper y J oan Martinez Alier, y coordinado
por Daniela Del Bene.
Éstos casos son una amplia muestra, con una distribución
geográfica y temática diversa que ilustra la disputa entre los aprovechamientos
y los daños infligidos. Son casos a menudo localizados en los países del Sur,
situados a miles de kilómetros, pero que están estrechamente relacionados con
nuestro patrón de vida, con empresas españolas y europeas.
Los conflictos surgen por la distribución desigual de
beneficios y sus impactos, y son, a la vez, una expresión cruda de la
democracia, en la que los mas débiles reclaman que su voz se escuche. De hecho,
cuando las organizaciones y grupos locales luchan por la justicia ambiental
trabajan también a favor de una economía más sostenible.
Existe un movimiento global por la justicia ambiental, que
reclama ser actor para la transformación socio-ecológica que la sociedad
necesita. El Día Mundial del Medio Ambiente que se celebra este domingo
justifica este viaje por un planeta seriamente herido.
1.- El petróleo contamina el delta del Níger (Nigeria).
El delta del río Níger es uno de los lugares más afectados
por la masiva extracción de crudo en el mundo desde los años 50. El resultado
son impactos ambientales y sociales irreparables, así como un altísimo nivel de
violencia. La respuesta a las protestas contra estos daños ha sido la violencia
de grupos armados locales, detenciones ilegales, torturas y ejecuciones.
Las comunidades locales han denunciado repetidamente
prácticas industriales ilegales, como la quema del gas residual que se produce
en el proceso de extracción y procesamiento del petróleo, que conlleva grandes
daños ambientales y a la salud. La vegetación y las cosechas se han visto
afectadas por la lluvia ácida, y otro efecto de la contaminación ha sido
aumento de abortos, deformaciones congénitas, enfermedades respiratorias y casos
de cáncer, según han denunciado.
La organización Amigos de la Tierra Nigeria ha documentado
gran número de vertidos de crudo procedentes de las tuberías carentes de
mantenimiento, que ha destruido un rico patrimonio natural. Frente a estos
atropellos, la principal reclamación es la reparación de los daños producidos y
también dejar en el subsuelo el resto de reservas de crudo, con el argumento de
que, una vez extraídas y quemadas, agravarían las emisiones de gases
invernadero y contribuirían al cambio climático.
El conflicto del Delta del Níger alcanzó un punto crítico en
1995 cuando el poeta y líder comunitario, Ken Saro Wiva, fue asesinado. A pesar
de que el conflicto ha tenido altavoces internacionales, el acceso a la
justicia para las comunidades afectadas requiere un gran esfuerzo para evitar
una impunidad lamentable. Actualmente hay procesos abiertos en diferentes
países, como Holanda, Ecuador y EEUU para investigar la responsabilidad de
empresas que operan en el Delta; incluyendo a la anglo-holandesa Shell, la
estadunidense Chevron y la italiana ENI.
2.- Vertidos mineros tóxicos sepultan una región (Samarco,
Minas Gerais) en Brasil.
El 5 de noviembre de 2015, la rotura de la presa del Fundão
en la Ciudad de Mariana (Minas Gerais) y el vertido de 34 millones de metros
cúbicos de lodo sobre el pueblo de Bento Rodriguez mató a 19 personas y 600
personas quedaron sin hogar. Se considera el mayor desastre ambiental producido
en Brasil por negligencia de una empresa.
Los desechos del embalse-vertedero provenían de la
producción de mineral de hierro de la empresa Samarco (Vale, de Brasil, y BHP
Billiton, de Australia-Reino Unido), una de las mayores minas de mineral de
hierro en el mundo, hasta que el accidente paralizó sus actividades.
Tras los daños en el pueblo de Bento Rodrigues, el lodo
tóxico de Samarco llegó al río Doce, donde viajó casi 700 km a lo largo de más
de 40 municipios, hasta desembocar en el océano en Linhares (Espírito Santo).
El lodo afectó al suministro de agua de muchos municipios y exterminó la
biodiversidad acuática y extensas áreas de valor natural.
La actividad y el modo de vida de pequeños agricultores,
pescadores, poblaciones tradicionales e indígenas se vieron profundamente
impactados. En 2016, después de recibir una multa baja, en comparación a los
daños causados (63 millones de euros), Samarco y sus controladoras acordaron
con los gobiernos federal y estatales generar un fondo de hasta 4950 millones
de euros para recuperar la cuenca del río Doce los próximos 15 años.
Sin embargo, un manifiesto firmado por más de 100
instituciones y movimientos sociales de todo Brasil criticó el acuerdo por no
suponer una plena remediación a los daños causados, y por haber sido elaborado
a espaldas de la población afectada y los movimientos sociales que la apoyan.
3.-’Pueblos del cáncer’ en China salen a la luz
El pueblo Yongxing era antes una pequeña reserva rural,
cerca del centro de la ciudad Guangzhou. Hace 20 años, sus extensos campos de
arroz, vegetales y frutar eran irrigados con agua limpia que bajaba de las
montañas. Sin embargo, en 1991 la reserva fue ocupada por un vertedero de
desechos de 34.5 hectáreas para enterrar 1000 toneladas de basura diarias.
Posteriormente, en la misma región se instalaron dos
incineradoras y una gran planta de tratamiento de residuos. Los pobladores
protestaron a causa de la gravísima contaminación. El agua de sus pozos se
volvía densa, de color amarillento, aparecía envuelta en películas
superficiales rojas. Hubo protestas en las calles y éstas terminaron en
encarcelamientos durante años. Desde entonces, los pobladores de Yongxing se
han visto obligados a comprar agua potable y a abandonar sus actividades
agrícolas de subsistencia. Los campos fueron entonces alquilados a precios
irrisorios a los trabajadores migrantes que llegaban a trabajar los campos
dañados para vender productos contaminados a la ciudad.
A pesar de que las autoridades sanitarias estaban informadas
sobre esta situación, hubo negligencia institucional, denuncian los afectados.
La mayor preocupación de los pobladores ha sido el repentino aumento de los
casos de cáncer en el pueblo, además del aire contaminado.
La Organización Mundial de la Salud ha informado que la quema incompleta o defectuosa de residuos en incineradoras pueden generar la emisión de dioxinas y furanos, con impactos negativos en la salud humana. El pueblo de Yongxing es uno de los tantos casos conocidos como “los pueblos del cáncer en China”, en donde actividades industriales y masivos vertederos operan con estándares de seguridad irrisorios a pesar de los comprobados efectos nocivos para la población humana.

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